El 1 de Octubre de 2017 fue la oportunidad que ofrecimos al mundo para cambiar de pensamiento, para entrar en el siglo XXI y para poder ser modernos.

Expuestos solo por la luz del uno de Octubre, preferisteis, sin embargo, esconderos bajo la historia, la lengua y la cultura y dejar que éstas hablaran por vosotros, catalanes y catalanas.

Desde entonces, que carecéis de toda estética y del privilegio de poder ser mi enemigo. De regreso a la muerte del mundo, me habéis condenado a sólo poder ofreceros mi mejor sonrisa y por eso, mi odio es infinito y tan estéril que me obliga a ocupar un lugar en la historia, diosa y matriarca, a la que seguiremos ofreciendo, catalanes i catalanas, nuestras lágrimas y nuestras penas para disfrutar de un lugar victorioso en su seno.

Mientras os sofisticáis cada día más, productos de una inteligencia cada vez más refinada, y pagáis el precio de nunca más poder ser unos perdedores, las imágenes siguen devorando la historia, la lengua y la cultura que creísteis proteger y amar.

Hambrientos y sedientos de tanto querer mirar sólo a través de los ojos del tiempo y del futuro, vuestros pechos, vuestras piernas, vuestras mejillas, manos, culos y pies van cogiendo, día tras día, la forma del enemigo que nunca tuvisteis. Mientras tanto, cada pensamiento se os hace más hermoso y cada idea, más digna, sin que podáis hacer gran cosa al respecto.

Catalanes y catalanas, el mundo moderno dependía de vosotros y nos dejasteis morir. Catalanes y catalanas, desde la bruma os digo, dejadnos morir, dejadnos perder, dejadnos traicionarnos porque si no lo hacéis, una cultura, una lengua y un pueblo entero nunca podrán leer esta voz mía.

Ahora reconozco que la libertad de un pueblo solo se consigue en contra de su propio nombre. Que la lengua sagrada de un pueblo solo se oye, porque como el viento de mistral, siempre es anterior al hombre. Rendiros delante de la lengua sagrada y abandonad su defensa o, sin piedad alguna, solo cenizas dejará.

Hoy, solo es catalán quien no vive en Catalunya. Vuelvo pues, al exilio, a mi lugar, donde ya no podré morir, bastardo del tiempo, hijo de la modernidad derrotada.

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