Aunque creas que así me entiendes, hablar el idioma de Dios me sirve para alejarme de ti y de lo sagrado. Esa es la trampa en la que caemos los dos mientras sonreímos y perdemos la posibilidad de lo humano. Hablando solo se entienden los semi dioses cuya única pretensión es que no les engañen. Entre tú y yo bastaría con dejar de sonreír. Hablarte en el idioma de Dios es condenarte al silencio mientras tú me encierras en tu entendimiento. Cualquier cosa con tal de no dejar de sonreír.

El arte no tiene que ser lo que te gusta. El arte no es lo que habla de arte. El arte no comunica porque el arte no debería reconocerte. Ocúltate del arte. Sería fácil acabar con el arte pero el arte debe existir. El arte debe ser uno, lo único uno y deberíamos poder verlo. Ver el arte es cambiar el mundo pero eso no es lo más difícil. Lo más difícil y lo peligroso es poderlo compartir porque compartir el arte es dejar de sonreír.

Libera el arte. No lo ates a lo que te gusta y así sabrás dónde encontrarlo. El arte es entendimiento pero ese entenedimiento no es para ti. El arte sacrifica esa información en nombre de la pérdida y el exceso material para que podamos tocar los extremos y que esa confusión nos haga recuperar la proporción, la forma y en definitiva, nos permita desobecer al padre.

El arte no tiene que ser lo que tu eres. Lo único que te debe preocupar es que el arte te debe rechazar. Esa es la señal que no debes tomarte como algo personal. El arte te debe rechazar como te rechaza un animal cuando sabe que va a morir o como los niños te rechazan cuando les dices que no anden descalzos. Esa es la única ayuda que obtendrás del arte y la única manera de desafiar al tiempo y de dar un paso.

La lucha contra el toro es el gran arte que nuestra mirada ha robado a los dioses para convertir en lenguage. Ese lenguage tan poco artificial, esa blasfemia, nos inflije el sufrimiento inhumano de no dejarnos ser testigos. A cambio, el lenguage de Dios nos evita ser humillados que es lo que el arte nos debe. Esa es la Gran Deuda. Cobrar la Gran Deuda significa entonces que el animal, la mujer y el hombre no se obervan ni se comtemplan sino que se ven, obligados a ser, el testigo.

El arte no tiene ninguna otra relación contigo. Todo lo demás es hablar el lenguage de Dios porque fuera del lenguage de Dios puedes perderte. Fuera del lenguage de Dios las palabras mueren al simple contacto con el aire y es entonces cuando se solidifican de cualquier forma intentando siempre huir de su destino y de ti.

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