Hombres y mujeres violan Barcelona. Hombres y mujeres intentan poseer Barcelona porque creen que es hermosa y rebelde pero nunca lo consiguen porque nunca creerán que sea una meuca*. Barcelona solo practica un sexo endogámico y pueblerino que le asquea. Barcelona tiene la culpa suficiente para ser real pero poca cosa más.

Barcelona es la capital de un país que existe pero que nadie ha parido. Ese país, ese mal llamado engendro, culpa Barcelona de ser puta y de sobrevivir. Ese país, llamado Cataluña, trata con desprecio a Barcelona mientras pare, día tras día, a un estado caprichoso y malcriado. España es hija de este engendro y ambos se suplican violencia y humillación para poder entenderse y para poder ser algún día. Barcelona no necesita a Madrid para ser explotada. Para sentirse explotada, Barcelona solo necesita que nadie se atreva a ver que es una puta.

Barcelona, sola, aislada de Cataluña y de España, está cansada de no tener sentido. Barcelona es una puta porque no tiene idioma y cuando no tienes idioma todos las demás lenguas, de dentro y de fuera, solo te penetran mientras finges perdón o permiso. Barcelona aprendió que era Barcelona en la calle, tarde y mal. Aprendió que era Barcelona lejos de Barcelona y siempre de forma violenta.

Aun así, Barcelona todavía no sabe desconfiar cuando la adulan y sigue creyendo que puede hablar por si misma. Pero las putas no necesitan ser y esa libertad se paga caro. Barcelona es una ofensa para otros países y para muchas otras ciudades que no saben que lo son ni lo que son. Más aislada que nunca por su nombre de relumbrón y un maquillage que adora, a Barcelona no le preocupa perder un alma que nunca tuvo ni le preocupa haber renunciado al futuro que la chuleaba.

Hombres y mujeres soñamos por ella. Vemos Barcelona en pie de guerra, poderosa, guiando a los pueblos de mar y a los pueblos sin Estado frente a la peligrosa irrealidad de las ciudades-estado. Porque seguimos queriendo amar Barcelona aunque solo se nos permita necesitarla y seguimos queriéndola odiar aunque solo se nos permita imaginar cómo se odia a una puta.

Pasear por Barcelona, por su plazas y su cielo azul, es la realidad que no nos deja soñar. Pasear por Europa, por su historia y sus museos, es ese mismo negocio en el que dejar de soñar da beneficios y se convierte en un modo de vida.

Aún no hay barceloneses o barcelonesas. Aún no hay europeos o europeas. Ni siquiera hay turistas en Barcelona o inmigrantes en Europa porque los clientes, para poder serlo, primero tendremos que volver aquí una vez más hasta que ya no estemos y podamos decir así que hemos disfrutado.


*meuca : puta en catalán.

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