Estoy seguro de lo que digo porque me vigilo al otro lado y porque el tiempo me utiliza para moverse. Últimamente, cuando tengo que decir algo, recurro a los ladridos de los perros, a los gritos de los niños y a las sonrisas. Allí, la vida me explica. Mientras tú te preocupas por un mundo sin valores, a mi cuerpo le cuesta soportar la autoridad canina, la responsabilidad infantil y la sinceridad de las muecas.

Juntos nos parecemos al futuro y esa es una amenaza que no toleramos. Mejor ser artistas, la fórmula de un poema equivocado o la frase repetida en una lucha exacta. Ese sinsentido resuena mucho más allá y más tarde que un porqué sin respuesta. Es el sinsentido necesario para el equilirio, para evitar el disfraz y el exceso de ti. Todas esas mismas miradas que me obligan a ser el Dios escrito en tu novela que nunca querrás conocer porque necesitas que no sea real. No estoy en tu deseo sino en tu voz, en el límite donde nos encontramos y seguimos siendo dos, en los reflejos insoportables porque no me ciegan.

La creación no nos puede tener. Y cuando abro los ojos y siempre no hay nadie, necesito no comprender de forma bella y ordenada. Me sumerjo, entonces, en el mar más violento para poder encontar la estabilidad que hiera. Y allí, sí que estás tú, con tu sonrisa y los mil demonios, y tu incomprensión y la mía. Debe ser, en ese momento, cuando nunca hay nadie, cuando tu promesa se convierte en el martirio aburrido de todo, en el fracaso de una huida que es una canción.

Esa canción es el sexo que te calla y que hace callar al futuro que nos utiliza. La canción de tu sonrisa que nos reduce al todo y nos convierte en los enemigos que nos merecemos ser. El futuro nos habla con tu voz y nos mira a través de los ojos de los cobardes, que luchan, que batallan fieramente por su dignidad. La modernidad, el capitalismo, los adultos, el sistema, ellos no tienen la culpa y su pecado es terrible.

Para lograr salvarnos, tu fracaso debe ser absoluto, y por muchos mundos que seas, eso te convierte en algo dicho desde tu voz, algo que nos condena centímetro a centímetro.

Demasiado tiempo tú. Tus consecuencias en mi son devastadoras y creativas. Las consecuencias, de ti en mi, no sé cuales son pero me permiten seguir hablando de todo. Porque antes de poder negarte, todo lo que veías era cienca y arte, es decir, movimiento sobre cadáveres.

Desearía estar solo en el mundo, para verte. O bien, ser un animal para que nos vieras a los dos, y entender siempre, que los miles de sentidos del futuro no nos hacen más humanos, si es eso a lo que te refieres.

A mi tampoco me interesa Dios, pero ¿qué me dices de lo sagrado que nos arrastra por el suelo inmundo? Tú sigues siendo un adjetivo y las madres de Dios, el verdadero motivo que nos trajo hasta aquí.

Toda esta materia infernal tambíen eres tú. Calla a los ojos de una vez. Calla para avergonzar al futuro. Calla a la luz, ladrona de mi egoísmo. Calla al hombre que ya somos.

Últimos artículos publicados