El peligro para la independencia no es el nacionalismo, es el izquierdismo excluyente de algunos profesores, historiadores, filólogos y de todo/as aquello/as guardiane/as de las esencias que lo son sólo para poder temer al futuro. Cuando gritan república están gritando Madrid porque prefieren tener miedo al futuro a tener miedo a entender que para lograr la independencia, o renunciamos a ser catalanes y diluimos nuestra lengua, historia y cultura, en el futuro, o no habrá libertad ni verdaderos derechos. Su elección hace inútil que entiendan que este sacrificio nos fortalecería definitivamente como pueblo y eso nos lleva a la violencia y a la negación de esta misma violencia, es decir, a una calle sin salida que sólo hace que debilitarnos.

La república es ir a Madrid y cogerla. Es tan fácil que nunca Cataluña será una república y por eso, jugamos a confundirnos de enemigo haciendo toda una serie de gesticulaciones muy indignadas. Nos hemos peleado con España y España no lo ha entendido. España no ha estado a la altura de la lucha y por lo tanto, es imposible que esté a la altura del diálogo. No es que no tengamos ningún aliado, es que no tenemos ningún enemigo y por esto debemos entender que estamos solos en esta lucha. Perderemos si consideramos España como al enemigo porque reduciremos la lucha a algo que se puede ganar. Podemos continuar como ahora, resistir e ir viendo como Cataluña nos roba, poco a poco, la lucha de entre las manos, o podemos volver a la lucha no violenta. La lucha no violenta no tiene nada que ver con la violencia pero con la 'desnudez' del cuerpo, es decir, con saber desprenderse del enemigo. Quizás ha llegado el momento de traicionar la independencia de Cataluña haciendo de este objetivo una opción egoísta, ya que cualquier intento de relacionarla con el pasado o el futuro, estará condenada. Ni el comunismo, ni el socialismo, ni el cooperativismo, ni el sindicalismo o el anarquismo. Sólo la independencia es la decisión no inocente de hacer de nuestro egoísmo un sistema.

La estrategia de la no-violencia no tiene nada que ver con el pacifismo sino con la necesidad de tomarle la iniciativa al enemigo librándose del lenguaje pero entendiendo que es la guerra lo que está en juego y no el discurso. El uno de Octubre de 2017, 'los catalanes' no ganamos y ese malentendido, es uno de los errores que nos han llevado a la situación actual. Ese día, hicimos algo distinto de ganar, dijimos qué era ganar. Desde el punto de vista histórico, ese día, Cataluña decidió cuál era el punto de vista histórico. Ese el verdadero poder de la gente, al mismo tiempo que su miedo. Luchar por la libertad de todos nos convierte en enemigo de todos. El uno de Octubre de hace un año, ganamos cuando dejamos sin enemigos al nacionalismo, al socialismo, al comunismo, al capitalismo, al pacifismo, al arte, al feminismo, etc, y eso es lo que más nos cuesta digerir. La nefasta situación política que vive hoy Cataluña es el fruto envenenado de todo eso. En este último año, el independentismo, sometido a un proceso de izquierdización y obligado a enfrentarse a los fantasmas de la izquierda, ha olvidado que su verdadera fuerza reside en que no depende de ningún enemigo para explicarse.

El poder del Estado moderno se ejerce a través de la no-violencia. Así, la violencia se convierte en la manera que tiene el Estado para que puedas renunciar al poder sin dejar de sentirte un ganador. Es, por ejemplo, el recurso civilizado de los que no viven en un país porque ya tienen una identidad. La violencia es la razón que el Estado te ofrece para expresarte.

La repressión contra Cataluña intenta imponer el miedo como la única realidad. El miedo quiere ser lo único que nos haga entender lo que está pasando en Cataluña y la única inteligencia que nos ayude a reconocernos. Este miedo necesario nos va volviendo cada vez más creyentes lo que nos hace perder la fe y nos hace, a su vez, cada vez menos reconocibles. Como ya ha ocurrido otras veces a lo largo de la historia, Cataluña está pariendo España. Ese es el conflicto.

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