El movimiento catalán no tiene (casi) nada que ver con el nacionalismo. Solo alrededor de un histórico 18% de los catalanes a favor de la independencia se consideran nacionalistas. Tampoco tiene (casi) nada que ver con cualquier otra de las consideraciones que se siguen repitiendo y por lo tanto se tienen que seguir repitiendo. Porque a pesar de que el ruido de las discusiones a las que este movimiento se ve sometido han podido alterar sus objetivos, incluso sus causas, no ha sido capaz de ahogar completament su propia voz, la cual hace un año y medio, nos dejó a todo/as sin enemigos. Esto es lo que más asustó a una gran parte de los partidarios y de los críticos del movimiento, la identidad diluida en una sola voz que espanta tanto a dueños como a siervos los cuales se disputan la voz ajena.

En mayor porcentaje, el movimiento catalán tiene más que ver con reinventar o mejorar la democracia en un momento en que la derecha y la izquierda han colapsado. A pesar de lo que se dice, este momento de colapso generalizado y global representa una gran oportunidad para la democracia. El colapso de la izquierda y la derecha, que a veces puede parecer más un deseo que una realidad, es una de las formas que tiene la democracia para llamar nuestra atención sobre la importancia de esta oportunidad de cambio. Porque las crisis no son ningún motor de cambio sino se entiende cuál es la relación humana de la democracia.

La democracia no es un sistema sino un objetivo. Entender esto significa entender que la democracia es un proceso interminable para conseguir no un sistema sino una unidad. La democracia nos prepara para salir fuera de la ley. Es una enseñanza constante y frustante que debe continuar para que la democracia pueda probarse. Pensar que vivimos en una democracia es el primer paso para equivocarnos. Pensar que la democracia es el respeto de la ley es el segundo. De ahí la importancia de la no-violencia en el movimiento catalán y que sea el lenguaje elegido por este movimiento.

A diferencia del pacifismo que por si solo no es un lenguage, la voluntad del movimiento catalán de ser no-violento es, además de la voluntad de hacerse oir, la de poder escuchar de la forma más claramente posible. Este es nuestro primer paso hacia la Ley y lo que hicimos el primero de Octubre de 2017. Ese día, el movimiento catalán lleva a cabo uno de los actos democráticos más poderosos, endeudándose así para siempre al gesto eterno de Rosa Parks y devolviendo el favor a la Revolución francesa.

Porque en definitva, el uno de Octubre de 2017 no es un día, es el Acto. El uno de Octubre de 2017 es la revolución, esto es, la representación de la revolución que escapa de la historia y es por tanto, el Cambio in-útil, es decir, el ser libre.

Todas las revoluciones desde el siglo XVII han fracasado no por los "enemigos de la revolución" sino por culpa del régimen Derecha-Izquierda que fue quien las creó. La derecha es la utopia de la izquierda. No existe la derecha sino solo los fantasmas de la izquierda, cientos de veces más poderosos que cualquier conspiración. La derecha no es la moral, el capital, la religión, los militares, sino lo que la izquierda dice que la derecha es. Ese es el pacto sobre el cual se construyeron los estados modernos y sus ciudadanos, las identidades y los nacionalismos que nunca nos pertenecieron y que ahora estamos obligados a defender porque nos sentimos en deuda con ellos.

El movimiento catalán, en su fugaz y profunda vida, no ha sido capaz de escapar al régimen Derecha-Izquierda y está colapsando también porque no ha querido entender la relación humana de la democracia, ha acceptado convertirse en una crisis y no ha querido evitar ahogarse bajo la deuda de las identidades. Un año y medio después del uno de Octubre de 2017, la lucha hoy del movimiento es sobretodo para asegurar que quede alterada la imagen del próximo régimen que ha de venir. Más allá de eso, los que fuimos testigos y participamos del movimiento nos queda además la certeza de saber que la próxima vez que alguien se atreva a decir no, su voz se oirá con mayor fuerza.

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