No hay nada más alejado de la naturaleza y del mundo que un animal. Los animales quieren ayudar, tienen esperanza, un futuro, una ideología y son sus palabras las que deberíamos proteger. Proteger, en cambio, a la naturaleza no debería estar bien visto ni debería ser legal ya que pone en peligro al planeta. En cualquier caso, la naturaleza pasa tan deprisa que ya no nos espera.

La tecnología ha transformado por completo a las hormigas. Ya lo intentó antes el capitalismo y la modernidad haciéndonos pagar por su mala consciencia al haber escrito tan pésima novela. Hoy, la humanidad se reconecta, regresa a lo natural a golpe de likes y de followers. Nadie te vigila, es solo tu cuerpo reconectado que mira.

Millones de libros, millones de canciones y de películas en un mundo sin objeto. Miles de genes que ya no se parecen a nosotros. Noticias perfectas. Palabras que no nos dejan morir. Tus hijos van a parirte mañana y no te reconocerán porque serán tú. La vida efímera será eterna porque ya no tendremos hechos para las palabras.

Dios ya ha salido de nuestros almacenes y le será entregado en un plazo de veinticuatro horas. Tú eres quien le roba el futuro a los robots que lo único que quieren es cultura y entretenimiento. La revolución es conservadora o no será.

Consumías para recibir un salario. Consumías educación y habilidades, igual que consumías pobreza y derechos humanos. Consumías para ordenar, mover de un lado a otro, lo que ha sido tu único trabajo remunerado hasta ahora. 

Hoy, a pesar de lo que intentan decirnos las estadísticas, la producción mundial es cero. Tiene que serlo para poder alimentar al movimiento cero que es el movimiento suficiente para poder, por ejemplo, entrar en una tienda y la acción testimonio para consumir. Pero no te preocupes, porque los que creen en el hecho de Dios te seguirán pagando porque no crees en consumir y porque eso es lo que haces, no creer. Sin creer y sin producción, consumir es el derecho que te obliga a moverte.

El valor del dinero nunca ha sido económico. El dinero es el vigilante y ese es su auténtico valor. El gran error, el pecado, de no creer en el vigilante no has traído hasta aquí, hasta las puertas del paraíso. La tecnología ha descartado el progreso a cambio del paraíso. Eso es lo que nos está pasando; que estamos entrando en el paraíso.

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