EL mono / mandril trepa a un árbol, no muy alto, y grita. Cuando ve un tronco en forma de cocodrilo, grita. Cuando ve una roca en forma de leopardo, grita. Por supuesto, cuando se acerca un leopardo, también grita. Ese es el motivo por el que el mono trepó al árbol. Jamás se le ocurrirá girarse para observar al grupo de monos y descuidar su función primordial.

Abajo, el grupo de monos comparte, en ocasiones, el lugar con un grupo de cerdos asilvestrados. Éstos también se mantienen vigilantes, pero están ahí por una razón evidente: las alertas del mono centinela aumentan su seguridad.

El mono / mandril y el cerdo asilvestrado son ambos omnívoros. Ocasionalmente pueden llegar a comer carne y eso genera una cierta desconfianza tolerada entre ambos grupos. El cerdo, aunque se puede mover en pequeñas piaras, prefiere mostrarse en solitario, siempre manteniendo las distancias, mostrando, de repente, un caracter agresivo y dominante debido a su escasa capacidad de verdadero liderazgo.

No hay deshonor, vergüenza, frustración o rabia en estos grupos. No es una historia de traición o de guerra de poder. No es algo natural. Simplemente es la alerta que al perro le gusta escuchar.

Pero hay algo que sí que está claro en esta historia: el leopardo no quiere devorarte, lo único que quiere es que le dés la razón.

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