El enemigo se mueve. Lo que te define no es el enemigo sino el tiempo. La eternidad por tanto, no es tu manera de aplastar al enemigo sino la marca que te deja el lenguaje asesino. Entre la eternidad y la supervivencia, la imaginación habla con esa voz que lo engulle todo y que nos deja solos, la ridícula lucha contra todo, el recuerdo del día que fuimos no-violentos para poder definirnos en contra de lo que creímos nos amaba. Entre la eternidad y la supervivencia, el agradecimiento.

No es grave que fuera el tiempo quien matara a Dios. Lo grave es que lo hiciera en tu nombre y el mío, y tanto da si sonreímos como sino. Las palabras que nos lanza el tiempo como cuchillos cortantes no tienen el propósito de hacerte sonreír sino de crear. No es necesario matar al padre, sólo hay que matar al artista, lo que significa dejar de escuchar el sonido de los cuchillos desgarrando el aire.

Cuando ya no te pueden perdonar, moverse sólo significa buscar la postura, la posición. El artista te da el espacio suficiente pero sólo el enemigo es capaz de poner el horizonte en tus manos tensas para que entiendas que sólo tratas de rezar. Es entonces cuando volvemos a la vida sólo porque nos lo dice el enemigo. Volvemos a la vida porque, a pesar de que lo que nos conmueve son los buenos y nobles sentimientos de la muerte y la imaginación de estos sentimientos, seguimos sospechando que sólo la vida puede amenazar al tiempo. Volvemos a la vida porque, a pesar de que decidimos que es mejor dejarnos observar por la muerte para que esta seguridad nos permita ser y decir, la vida es la única monstruosidad de la cual la imaginación no puede arrepentirse.

En esta vida nuestra, las palabras se desprenden de las lagartijas para mentir y son la mirada en las alas inertes de las mariposas. En esta vida nuestra, las palabras luchan para sobrevivir, necesitan el sol para crecer y corren para no ser muertas. Lejos de este sol nuestro, necesitarás de tus miedos para brillar más que nunca y para ser la fuerza suficiente que deforme el enemigo sin la necesidad de saber si ganamos o perdimos.

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