La violencia es creadora. El problema no es la violencia sino la creación que debe ser una. La mujer es todo lo que la palabra no reconoce y que responde por tanto bajo la forma real. Sin este reconocimiento la realidad tiene que respirar. Este es el sentido de la realidad que te mira, te escucha, te toca, te huele, te vive y te muere. La realidad es un parásito intestinal y artístico. Su trabajo es no engañar y su naturaleza es intelectual.

La violencia contra Dios era para preservar el paraíso y el infierno. Gracias a esa violencia hemos podido escribir esto y ser buenos. Me has ayudado a matar a Dios. A las puertas del paraíso, sólo nos queda la verdad que escribimos para desprestigiar a la realidad. Nos estamos acercando cada vez más al movimiento cero que debería ser la suma de ti y de mi. El paraiso ya no nos necesita. A las puertas de la oportunidad perdida, yo ya no nos necesito.

El paraíso es el sistema o supergrupo. El supergrupo crea argumentos propios constantemente para que tengamos problemas para no entender. Escribimos subordinadas para huir mal. Seguimos vivos para no tener que ser tan inteligentes. Odiamos al otro porque nos da miedo que la realidad respire. Odiamos a la realidad por la misma razón, es decir, porque queremos salvarnos. Sin embargo, la realidad es aún la única manera de abrazarte. La forma una que nos devuelve el egoísmo que nos robaron, el movimiento cero, donde nosotros no es la suma de nada.

Vivimos en la mirada de la realidad pero seguimos rogando al niño y al animal que nos dejen jugar y bailar. Es cierto que la realidad también tiene esperanza y una ideología. Es cierto que la realidad también quiere ser un animal. El problema sin embargo, es que yo sigo queriendo ser aquel maldito e inteligente animal que me robó el futuro, aquel que me dejó sólo con un montón de sueños estériles.

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