El poder se ha dado cuenta de que el poder eres tú y que tu miedo a que te descubran no es más que un hombre con traje de hombre con traje de mujer con traje de hombre, un trasvestido sin nada que esconder ni siquiera la antigua sospecha de que los demás van disfrazados. El poder se ha dado cuenta. El problema es que ahora que somos observados, el engaño ya no va a seguir siendo un disfraz y la verdad será la cortina de humo que debe distraernos. Hemos creído erróneamente que podíamos ser vistos, verdad suficiente para quedar expuestos. El poder se ha dado cuenta, hemos sido visto, y ahora ya lo sabes. Que el pueblo ya lo sabe.

Ya sabes que para quitarle el poder al pueblo hay que obligarle a tenerlo porque en realidad tú no quieres el poder sino solo sentirte un ganador. Tú no quieres rechazar ideas sino solo poder estar de acuerdo para poder discutir. Tú no quieres discutir sino solo poder discriminar para poder creer y no estar solo. Ahora ya sabes que únicamente los artistas no están solos y que solo ellos son incapaces de tener enemigos.

No somos débiles pero queremos entender y eso es asesino y cobarde. No es propio de los hombres y de las mujeres que vamos a ser. Por ejemplo, todos sabemos qué es el pueblo y para qué sirve pero ignoramos que todavía no es neceario entender algo y que es precisamente esta luz muerta que nos llega la que mantiene viva nuesta esperanza. Si quisieramos entender esto sería asesino y cobarde porque el hecho de que todavía no necesitemos entender nada significa que la revolución es posible y más importante aún, que la revolución no supone equivocarse.

No hay nada que podamos hacer o decir que no se vaya a decir o hacer mañana, nada que evite crear un futuro que no quiera entendernos y que nos exima de toda la responsabilidad, que nos obligue a hablar como a niños y finalmente, que decida por nosotros. Hemos dejado de saber cómo pedir ayuda y ya no nos es posible dar las gracias para crear la violencia necesaria que el pasado necesita para acordarse de nosotros. Más unidos que nunca por el exceso de movimiento, son solamente los hombres y las mujeres que vamos a ser los únicos que, ahora mismo, te escuchan y leen esto. Todo por el simple hecho de no estar expuestos.

Lo más probable es que a tus palabras y a tus argumentos les falte la tierra necesaria y por lo tanto, también les falte el odio o la estupidez necesarios para quemar el planeta y destruir la naturaleza. Sin la tierra necesaria la verdad y la razón solo pueden ofrecernos el paraíso que bajo nuestros pies seguirá siendo la gran amenaza desde la cual los animales se mirarán para despreciarse entre ellos. Solo la tierra necesaria puede ofrecernos la visión que nos permita ir a la guerra y no quedar expuestos y en definitiva, que la posibilidad del desastre no tenga la forma de la verdad.

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