El hombre no existe, se debe al origen. Este mensaje se transmite a través de la materia. El problema es que la materia ya no es lo que más se parece a nosotros y eso nos expone. El problema no puede generarse, nos dice la voz de la mujer, el eco que crea el lugar donde solo podemos reconocernos bajo la atenta mirada del futuro.

La mujer levanta en sus brazos a su hijo recién nacido y éste, por vez primera, la mira a los ojos y le dice:

-Tú vas a ser mi enemiga.

Este mensaje no se transmite a través de los genes sino a través de la palabra. La mujer no se reproduce porque la mujer siempre existe. Esa es la disculpa de la mujer hacia el hijo que nunca llega a ser el hijo porque la palabra no lo reconoce.

Si el mensaje no se puede transmitir, no puede haber unidad pero tampoco sistema. La falta de un sistema no supone el caos o la anarquía, porque no supone la falta de algo, sino que significa quedar más expuestos a la verdad por el hecho de querer poder decir. De esta manera, volvemos a esos brazos que nos alzan de nuevo, y ya sin palabras, decimos:

-Han pasado mil años. Ahora yo seré tu.

Sin guerra. Sin enemigo. El mensaje sigue sin transmitirse, nos movemos, y la escena que debería protegernos es ahora el paraíso. Déjame hacer algo por ti. Déjame que te pregunte si vas a ser mi creador. Y quiero responderte que sí mientras rezo por temor a ser escuchado, me miro al espejo y evito el infierno, la belleza y la inteligencia. El espejo se convierte en el hogar de la palabra, en el sonido que me muestra la materia y donde el reflejo del universo proyecta la forma mía.

Para escapar del espejo lo único que nos queda es crear el sistema, algo que evite la creación aplastante de la mujer, del hombre y del hijo. La muerte es eso, solo eso es la muerte y todo lo que no sea eso, te llevará a tu destino. Crear el sistema requiere tres condiciones necesariamente. Una. Evitar el mucho trabajo que requiere dejar que te pidan la opinión. Dos. Evitar el esfuerzo que supone contestar con un sí a otro sí. Y tres. Evitar toda la verdad que implica la destrucción. La ausencia, de trabajo y sobre todo, de las formas, es la materia con la que crear el sistema, la materia que eleva al hombre, a la mujer y al hijo, y los dice.

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