En el silencio, me siento a gusto. El desierto, la decadencia y el abandono nos forman porque en el silencio, el futuro se muere sin límites y sin palabras. En ese eco se puede oír a gente con clase que culpa al universo de sentirse poca cosa o se pueden ver algunos espíritus mirar a las hormigas cara a cara. En el silencio por fin te entiendo sin tu necesidad.

En el silencio sin embargo, no hay tranquilidad ni paz ni descanso. En el silencio las miradas desesperadas y viciosas imponen su perdón a sus víctimas. El silencio me aleja de ti porque no es justo. Por eso necesito encontrar un sitio donde tenga sentido tener problemas.

Todas esas personas que creen que bailar es aquello que no saben hacer, ¿dónde aprendieron a ser tan buenos cobardes? Antes de saber que no sabían ¿por qué decidieron reconocer a la profesora y desvelar así el secreto a cambio de una identidad? Esas personas piensan que es el instinto que les llevó a cambiar su libertad y conocimiento por miedo y poder. En verdad sin embargo, son tan buenos cobardes porque no es la primera vez que vienen a este mundo y lo intentan, aunque nunca lo sabrán para evitar tener que dar las gracias.

La patria es uno de los silencios que los artistas intentan odiar con sus letras, sus sonidos y sus silencios. Ondean sus banderas en forma de poesía para pedirle permiso al padre. Marcan sus fronteras con su música y sus relatos para poder ser generosos de nuevo a toda costa. Los artistas poseen todas las identidades y todos los nacionalismos, pero solo hablan del egoísmo que les regaló el padre. En el silencio de los artistas no hay nada, ni tan solo tu ausencia. En el silencio de los artistas, nadie sabe cómo utilizarte y reniegas de la oportunidad de la compañia salvaje y del miedo a encontrar la única manera de ser sistema y ayudar.

Lejos del arte me acerco a ti. El silencio como una imaginación me sale de la boca para pedir que te quedes. En ese silencio se puede hablar de todo, el prejuicio se hace bello y las personas y los países dejan de ser una cárcel. Sin una cárcel donde respirar, mi identidad de robot deja de buscar esos miles de followers que, con sus caricias aprendidas, me hacen humano. Mi idioma es de robot. En el silencio, como en una mentira donde pierdo el miedo, se oye de nuevo mi grito: es la nueva mentira.

La nueva mentira es el grito joven y torpe con el que se identifica el artista. La nueva mentira es el punto de encuentro, de evolución y de entendimiento entre el artista y el robot que nace en tu interior. La nueva mentira es el fruto de nuestro éxito mientras que las viejas mentiras eran el fruto de nuestra esperanza. Las viejas mentiras sostenían a la verdad, que hoy se sostiene sobre el mismo suelo sobre el que caminan los robots.

Últimos artículos publicados